EL COYOTE, Chile 11/01/2004 23:35:20
Reflotaremos algunos de los negocios de la familia Pinochet que, a comienzos de la década de 1980, hicieron que nuestro país ingresara por derecho propio al club de las repúblicas bananeras, como editorializara en marzo de 1984 el diario londinense The Guardian.
Recientes informaciones divulgadas por la prensa británica señalan que, al contrario de las declaraciones de austeridad y pobreza en que se han atrincherado Pinochet, sus familiares y amigos, la familia del ex dictador se encuentra entre las diez más ricas de Latinoamérica. Augusto Pinochet encomendó a uno de sus subordinados que buscara un nuevo terreno donde construir una casa para descansar los fines de semana junto a su familia. El entonces teniente coronel del Ejército, Ramón Nicolás Castro Ivanovic recorrió pacientemente los predios agrestes aledaños al río Maipo en el sector denominado El Melocotón, en busca de alguna parcela.
El teniente coronel compró dicho predio a Jorge Alvaray y Luis Enrique Saavedra, por 240.000 pesos. Los vendedores habían adquirido esa misma propiedad menos de un año antes, en 290.000 pesos. La parcela quedó inscrita a fojas 59, Nº 68 del Registro de Propiedades del Conservador de Bienes Raíces de Puente Alto, a nombre del "empleado público" Augusto José Ramón Pinochet Ugarte. Tiempo después, el 7 de marzo de 1984, el capitán general declararía que aquella propiedad "la adquirí con mis ahorros. El sitio, según escritura notarial, costó 240.000 pesos, plata que ahorré durante muchos años; con respecto a la casa, mensualmente pago dividendos".
La familia del ex jefe supremo de la nación quería edificar en ese sitio su chalet de fin de semana: 606 metros cuadrados construidos, además de tres edificaciones anexas; varias hectáreas plantadas de almendros y nogales; piscinas, parques y jardines. La casa principal contaría con tres niveles y grandes terrazas con vista al río.
Sin embargo, no fue sencilla la construcción de la residencia para la pareja más poderosa de la nación. Entre otras dificultades que revisaremos a continuación, debe destacarse la tradicional extravagancia de la señora Lucía Hiriart de Pinochet, que llegó incluso a solicitar que la casa se levantara en un sitio diferente al señalado en los planos y estudios de la oficina de arquitectura y construcción encargada de la obra. Lucía Hiriart logró más adelante, en plena etapa de construcción, detener en varias oportunidades la obra, deshacer lo avanzado y reconstruir de acuerdo a sus impulsos de última hora. Estas dificultades hicieron que el presupuesto inicial de construcción planteado por Del Pozo, Montes y Cía. Ltda. fuera ampliamente superado, por lo que el capitán general decidió solicitar un préstamo a la Caja de la Defensa Nacional.
Cuando la casa estaba por construirse, los encargados de la seguridad del comandante en jefe del Ejército evaluaron que el sitio, dada la cantidad de vecinos y predios colindantes, no brindaba suficientes garantías de privacidad y tranquilidad para su jefe. Comenzó entonces una campaña de presiones sobre los propietarios de los terrenos adyacentes, incitándolos a vender.
Solucionado el perturbador tema de la seguridad, se llevó adelante la construcción de la casa, cuya obra gruesa tuvo un costo aproximado de un millón de dólares. Sin embargo, en la zona no había red de agua potable, ni tendido eléctrico, por no mencionar la ausencia de señal de televisión. En tiempo récord, tanto Chilectra como EMOS dotaron de aquellos dos servicios básicos a ese sector del Cajón del Maipo. Televisión Nacional, bajo la batuta del por entonces yerno del general Pinochet, Hernán García Barzelatto, instaló una antena repetidora que permitió a la familia Pinochet-Hiriart disfrutar de la programación del canal oficial durante sus descansos de fin de semana en El Melocotón.
Otra "incomodidad" que las empresas del Estado se apresuraron en aliviarle al capitán general fue la de las poco expeditas vías de acceso a su retiro en la precordillera. Por disposición del propio Pinochet (según consta en el oficio Nº 14.040/7 de la Secretaría General de la Presidencia), se construyó una carretera asfaltada de 24 kilómetros de extensión, entre San Juan de Pirque y El Toyo, que corre por la ribera sur del río Maipo, paralela al camino a San José. Se construyeron, además, dos puentes sobre el río, comunicando ambos caminos, ubicados en las localidades de El Toyo y Las Vertientes. Las obras viales, con un costo que superó los 216 millones de pesos de la época, fueron financiadas por el Fisco, y para su ejecución se debió expropiar las tierras de cinco ciudadanos, a quienes se indemnizó con 7 millones de pesos.
Encumbrada en los faldeos del cerro Manquehue, la obra requirió dinamitar las laderas y desplazar volúmenes de tierra y piedra equivalentes al movimiento necesario para la edificación de miles de viviendas mínimas.
De acuerdo a informaciones de la época, los costos de esta acromegálica, suntuosa y horrible construcción que se cierne como un mal recuerdo sobre Santiago fueron dignos de Las Mil y Una Noches. Según cálculos que fueron catalogados de conservadores, los gastos en que incurrió el Estado en Lo Curro fueron el equivalente al 5% del presupuesto oficial para Obras Públicas de 1984, que ascendió a 35.400.977.000 pesos. El palacete se erigió sobre un terreno de 80.000 metros cuadrados, y su estilo arquitectónico de bunker es una demostración empírica y permanente del sentimiento de distancia que la dictadura mantuvo respecto del grueso de la ciudadanía (el 48,2% de la cual se encontraba bajo la línea de la pobreza).
LA CASITA EN LA PRADERA
La construcción de 6.000 metros cuadrados costó veinte millones de dólares, y cuenta con seis pisos, dos de ellos subterráneos, en los que se distribuyen 1.600 metros cuadrados de salones, 1.200 de cocinas y bodegas (que permiten atender a 2.000 comensales de manera simultánea) y cientos de metros edificados para habitaciones, oficinas, almacenes, etc.
El perímetro completo está delimitado por una enorme reja (revestida de una pintura especial que es utilizada en los aviones), y es controlado por un sofisticado circuito cerrado de televisión. Los jardines y parques significaron un desembolso de quince millones de pesos (incluyen cuatro pérgolas de madera de pino Oregón y tres invernaderos de cuarenta metros cuadrados cada uno), y fueron diseñados de modo que quien visitara al ilustre matrimonio no pudiera evadir los acordes del piano de Liberace surgiendo tras cada rosal.
Entre los accesorios secundarios de la propiedad, destacan las canchas de tenis, el gimnasio, los 250 estacionamientos, la sala de cine, los saunas, la central telefónica con treinta líneas y 120 anexos, los estanques de agua, la central eléctrica subterránea y una clínica equipada de forma tal que fuera innecesario el traslado de cualquier enfermo a un hospital.
Gracias al particular sentido estético de Lucía Hiriart, y a los requerimientos de los especialistas en seguridad, el Servicio de Vivienda y Urbanismo (SERVIU) se vio forzado a hacer desembolsos por "gastos extraordinarios" por sumas que alcanzaron los cinco millones de pesos semanales. Y es que, así como la casa de Pinochet "obligó" a la construcción de un puente y de una carretera urbana de ocho pistas por la ribera norte del río Mapocho desde la avenida Santa María hasta Lo Curro.
En el primer nivel de la casa (2.800 metros cuadrados de superficie a nivel del suelo), la ex Primera Dama dispuso que el piso del hall de recepción fuera de mármol. Importada de Italia y una vez instalada, la piedra verde no fue del agrado de la señora Pinochet. Hizo que se sacara y fuera reemplazada por mármol rosa de Alicante. Además, para acceder al piso inmediatamente superior, mandó la construcción de una escala de mármol rojo.
Por aquella escala se accede a lo que habría de ser la suite presidencial: una habitación para Augusto Pinochet, otra para Lucía Hiriart, ambas con sendos recibidores, vestíbulos, dormitorios y baños privados.
En el que esperaba que algún día fuera su ambiente íntimo, la señora del ex comandante en jefe del Ejército incorporó una serie de detalles acordes con su gusto personal: azulejos importados en el baño (que primero fueron verdes, como los artefactos, y luego beige, como los nuevos artefactos); espejos desde el cielo al piso, en los que se reflejaba, imponente e incomprensible, la enorme lámpara de lágrimas de cristal. En su dormitorio, hizo revestir el cielo raso con maderas finas; puertas y ventanas de vitraux; chimenea de piedra con campana de bronce. El trabajo de esta habitación fue encargado a la empresa Pavez Decoraciones Ltda., y costó once millones de pesos de la época.
Algunos otros detalles de la casa, recopilados también por los periodistas de Cauce: cristales importados desde Bélgica para los ventanales (120.000 dólares), puertas de lingue fino de los bosques australes, revestimientos importados para los muros interiores (150.000 dólares).
Otra característica del bunker de Pinochet fue su evidente tendencia a reproducir en su estructura la "guerra" que el general peleaba día a día desde su despacho en La Moneda. Además del refugio antiaéreo y del túnel de salida secreta (emulando la baticueva del misterioso hombre-murciélago de Ciudad Gótica), la mansión incluyó un "área de contraataque" en esquema de trinchera acorazada, recubierta de estructuras de hormigón reforzado, y una "zona de guardia", con salas de juego, dormitorios, comedores y dependencias varias para decenas de comandos especiales.
A comienzos de la administración del presidente Patricio Aylwin, el gobierno intentó recuperar para el Fisco aquella suntuosa propiedad, pero el Ejército se opuso fieramente, convirtiéndola en lo que hoy se conoce como Club Militar de Lo Curro. Como dijo Lucía Hiriart de Pinochet en 1975, "las metas del gobierno que preside mi marido son encaminadas hacia el bien absoluto de la Patria. El gobierno no aspira a bienes terrenales"






