EL CACHERO SOLITARIO, Santiago, Chile 05/03/2005 16:17:00

Las condiciones de vida material y la capacidad económica de la familia son los factores determinantes de las posibilidades educativas de sus miembros. Evidentemente, quienes posean dichos factores tendrán más acceso a formas superiores de cultura y educación; a la inversa, mientras más pobres, más metidos en el círculo de la ignorancia. Los análisis de los resultados de la reciente PSU confirman los asertos anteriores, máxime si se considera el gasto por estudiante en la educación privada y en la pública. Por lo mismo, el problema central radica en la injusta distribución del ingreso, en la apropiación de unos pocos de aquello que le pertenece a todos, del enriquecimiento de una minoría con los bienes que generan otros. Basta comprobar las gigantescas ganancias de las AFP, logradas con los dineros de miles de trabajadoras y trabajadores y que, sin embargo, los cotizantes nunca verán al finalizar su vida activa. Los resultados educacionales no son sino la comprobación real de una situación de injusticia y de menoscabo de los más vulnerables social y económicamente, porque nuestra educación está levantada sobre la inequidad de un sistema que tiene como razón de ser, justamente, la exclusión de las mayorías.