BISAGRA ACEITADA, Chile 01/06/2004 22:43:36

Abaratar costos en la lógica empresarial es prioridad. Cuando se trata de escoger el sector de la escala de producción para hacer estos ajustes, la mano de obra es lo primero que sucumbe. Tan evidente es esta situación que desde la crisis asiática de fines de 1997, la discusión entre los trabajadores, el Gobierno y los empresarios se entrampó en el tema de la flexibilización laboral.
En la línea de este nuevo marco legal, se encuentra el proyecto que controla el funcionamiento de la empresa y el contrato de servicios. Es decir, busca modificar la actual estructura de subcontratación en Chile. "Más de 500 mil personas trabajan bajo este régimen en considerable vulnerabilidad, pues no se cumplen las disposiciones del Código Laboral", asegura el economista y sociólogo de la Fundación Terram, Marco Kremerman.
Uno de los ejemplos más notorios es el de la construcción, donde una empresa "x" del sector inmobiliario o de servicios (luz, gas, agua) llama a licitación pública a diversas compañías del rubro para realizar las faenas. Quien se adjudica las obras tiene, a su vez, una diversa red de subcontratistas que aportan a la empresa camiones y trabajadores propios, con salarios que no superan los cien mil pesos en el caso de los obreros, sin previsión y con jornadas extensas que llevan al límite la resistencia física.
La cantidad de intermediarios llega a tal punto que muchos subcontratistas menores pierden las inversiones de su vida reclutando personal para las obras.

José Ruiz di Giorgio calificó este sistema como la "esclavitud moderna". "Muchas veces son empresas de papel de la empresa matriz de la obra, que se montan para perjudicar a los trabajadores.Los cambios económicos han producido procesos de precarización de los empleos y desregulación de las relaciones laborales con las consecuencias de inestabilidad laboral, extensión de las jornadas, trabajo temporal y restricción del acceso a la seguridad social", dice un informe del Plan de Igualdad de Oportunidades 2000-2010 del servicio Nacional de la Mujer (Sernam).
Ésta es la realidad que describe un organismo estatal que ve las deficiencias de nuestro sistema. Pero las críticas quedan ahí y la aparición de las cifras mensuales de la macroeconomía nacional desvía rápidamente la atención. El 24 de mayo, el Banco Central dio a conocer el crecimiento económico del país, durante el último trimestre: 4,8 por ciento. Signos de recuperación y reactivación, ya que a este índice se agrega el control sobre la inflación, las bajas tasas de interés y el aumento significativo de las exportaciones.
Sin embargo, un estudio de la Fundación Terram indica que más de tres millones de chilenos viven con menos de 40.562 pesos mensuales. Chile es la undécima economía con peor distribución del ingreso en el mundo y sólo un 8,4 por ciento de la población vive con una remuneración decente. Todo esto, pese a que Santiago es la capital del mundo donde más horas se trabaja, con un promedio de 2.244 horas por persona.
Una de las principales herramientas utilizadas por el sector empresarial -y también por el gobierno- para inducir al error en las cifras es la subcontratación de empleados. Las relaciones laborales desarrolladas en este sistema están regidas por intermediarios que ofrecen mano de obra barata a cambio de una participación segura y suculenta en las ganancias.
La Encuesta de Empleadores (ENCLA), realizada durante 2002, ratificó que más de la mitad de las compañías afirman haber recurrido a terceros para adquirir personal de trabajo y que, lejos de ser una práctica poco utilizada, irá creciendo en los próximos años. La llamada gran empresa (ver gráfico 2) tiene la mayor proporción de contratos bajo este régimen, alcanzando a las tres cuartas partes de su mano de obra, mientras que la microempresa tiene un personal subcontratado inferior al 30 por ciento. Esto demuestra que entre mayores sean las ganancias brutas del negocio, existe más desigualdad y desregularización en el mercado laboral.Atento S.A. es una empresa dedicada a la subcontratación y que cuenta con más de cuatro mil trabajadores atendiendo las demandas de otros consorcios: Almacenes París, Banco BBVA, VTR y Manquehue. Más de la mitad del personal, sin embargo, está dedicado a los requerimientos de Telefónica CTC Chile y a sus distintos departamentos desde que el Estado chileno decidió privatizar la entidad y dejarla en manos de capitales hispanos. Lo central en este tramado es que esta empresa depende directamente de Telefónica España, es decir, presta servicios a sus propias filiales, cobrando comisión y obteniendo ganancias por los bajos salarios.