el COYOTE, Chile 11/01/2004 17:07:23

Dicen que el fantasma de Prats le pena a Pinochet. Después de su asesinato en Buenos Aires, en septiembre de 1974, el dictador comenzó a sentir la presencia nocturna del ex comandante en jefe del Ejército.
Al comienzo eran solo ruidos extraños en la casa. El general Pinochet, supersticioso por herencia materna, insistía en atribuir este deambular sobrenatural a su antecesor en el cargo. Más tarde, el ánima de Prats se instalaba a los pies de su cama y no lo dejaba dormir. Ni a él ni su esposa Lucía.
Desesperados y mal dormidos... se cambiaron de casa.
Lo había mandado matar en el jubileo del primer año de la dictadura, como signo inequívoco de la poca gana de su subordinado, Pinochet, de permitir que siguiera respirando el único hombre con la capacidad de formar un gobierno en el exilio.Hace veintinueve años, Prats contaba con un notable ascendiente sobre muchos oficiales que habían servido bajo su mando. No obstante su polémica participación en el gobierno de la Unidad Popular, era percibido entonces por el grueso del Ejército como un general valeroso -capaz de enfrentar al golpismo con su propio cuerpo- y un militar con una capacidad intelectual sobresaliente. Ambas características, especialmente peligrosas para el que había sido su hombre de confianza, su mano derecha, su segundo al mando: Pinochet.

"El general Pinochet, como Jefe del Estado Mayor General del Ejército, contaba con mi más absoluta confianza. En los muchos momentos de extrema gravedad que me correspondió vivir y hasta el momento de mi retiro, él escuchó mis confidencias cuando examinaba la situación que se vivía y sus sombrías expectativas", escribe Prats en Buenos Aires, ya exiliado, sin saber que en pocas semanas su cuerpo y el de su esposa serían destrozados por una bomba.
Sin recriminaciones y haciendo gala de caballerosa sobriedad, Prats registra en esos mismos días la "dolorosa sorpresa" que le produjo saber, por declaraciones del propio Pinochet, que ya desde abril de 1972 su subordinado de confianza planeaba a sus espaldas tomar el control del país por la vía armada.